viernes, 18 de febrero de 2011

Los sentidos

La vida tiene distintos sentidos según quien la viva.
Para algunas personas puede ser su objetivo primordial el perseguir un sueño, una cacería de metas a alcanzar y una constante renovación de dichas metas.
Para otras puede ser una acumulación de experiencias, cuanto más curiosas y disparatadas, mejor. Una suma de días alegres vividos con seres a quienes se estima, de noches divertidas y despreocupadas de la responsabilidad.
Otra gente puede buscar placer en los beneficios materiales; un auto lujoso (o unos cuantos), una casa espaciosa y cómoda en un barrio donde ninguna casa de clase baja opaque la visión general de un pasar económico prometedor.
Otros pueden considerar, en cambio, que buscar comodidades materiales es frívolo, y que el sentido de la vida es vivir buscando el amor romántico.

Pero tal vez, el sentido de la vida en general sea perseguir, y luego vivir, todo aquello que nos causa un bienestar y produce en nosotros mismos paz interior. La felicidad no es un estadio constante de alegría ininterrumpida. Prueba de ello son las lágrimas que pueden derramarse por un motivo que no precisamente sea triste. La conmoción en ocasiones va de la mano de la felicidad.

De modo que el alcanzar una meta difícil de llegar, que implicó un completo camino de sacrificio y autodescubrimiento, nos reporta una satisfacción personal que aumenta nuestro autoestima y nos da felicidad.

Las experiencias se suceden invariablemente y en muchas ocasiones escapan a nuestro control. Sucesos que no dependen de nuestros actos, nos involucran en diversas situaciones. Muchas experiencias son malas, pero de ellas se aprende. Muchas de ellas son preciosas, y cuesta desprenderse de la idea de que en el futuro no serán más que memorias que se escurrirán con facilidad de nuestros dedos.

Las facilidades materiales generan un confort momentáneo, pero debiendo tener el cuidado de no caer en la tentación del consumismo, que busca inventar en el hombre necesidades que nunca precisaría de sentirse seguro de sí mismo. El dinero sí compra la felicidad, pero una felicidad particular y tan efímera como un parpadeo. El brillo de un auto o el deslumbramiento por una casa duran realmente poco.

El amor es una experiencia de doble filo de la cual nadie saldrá indemne en su vida; ya sea amando, o siendo amado, alcanza a todos los hombres por igual. Puede durar para siempre; puede acabar bien o puede finalizar de forma brusca y dolorosa, pero lo que es cierto, es que siempre deja una huella en nosotros. Y que aquel amor que acaba, no es el verdadero. Querramos reconocerlo o no, el afecto nos permite vivir las horas viendo mayores colores que aquellos que no lo sienten. No obstante, pretender que el amor sea el leit motiv de nuestro existir es una dependencia enfermiza de la seguridad y el bienestar que brindan el amor, siendo que el amor debería permitirnos descubrirnos a nosotros mismos en una posición de paz interior. Y reconocernos como libres.

Añadiría que el sentido de la vida no solo es buscar y vivir todo lo anterior a medida que se consiga y se presente. Considero que el mayor sentido de la vida, es hacer mella en las existencias de otras personas. ¿Qué clase de existencia sería aquella que no influye en otros? Más bien sería la existencia de una suerte de fantasma, de sombra de persona, que cruzó su camino con el de otros tan levemente como el susurro de las hojas con un viento inexistente. Alguien que jamás logró hacer feliz a otro, o colaborar con otro, o al menos arrancar una sonrisa que disipe la tristeza de un día gris. Dar podría ser una experiencia igualmente gratificante tanto para el que recibe como para el que da. No siempre se recibe en la misma magnitud, pero la necesidad de dar y brindar no debe ser interesada: debe nacer por sí sola, sin buscar retribución alguna.

Dicen que la vida es muy simple: recibimos lo que hemos dado.

1 comentario:

marquitosonline dijo...

A ver... muy buen dicho Sonia! Una buena "recopilacion" de cosas que creimos, creemos o... nos "hicieron creer" desde chicos...

La conclusion es tan simple como cierta. Muy bueno!